martes, 21 de abril de 2009

Capítulo 10: De vuelta de la 5ª Dimensión.

Capítulo 10: De vuelta de la 5ª Dimensión.

El manantial de gente desbordando entre las tiendas nos condujo hasta el foco de ruido del final del recinto vallado. El tronador y ensordecedor ruido que producian los fuertes golpes de bombo de algun grupo heavy. Recuerdo todo como una película, una cámara de fotos mejor dicho. Mi gran angular artificial me hacía ver las cosas mas claras. Entre la manada pienso en mis cosas.

Tengo que ordenar mi vida, seguir con mis cosas. Las luces empiezan a ser mas débiles. La oscuridad mezclada de un sonido realmente ensordecedor. Unos 100.000 vatios aproximadamente de potencia, gritados por unos line arrays y apoyado por unos cajones de bajos que hacían retumbar un muro con un solo soplido. Un espejo en el suelo, un gran charco. Música y luces. Muchas luces.

Fugaz fue todo, ahora ya no hay nada. El viaje finalizó. Toca enfrentarse a la seriedad de la vida.

Capítulo 9: Agotando en mini-bar.

Capítulo 9: agotando el mini-bar.

Que rápido pasan los días algunas veces. Cinco días se me han hecho demasiado cortos. Se que pronto echaré el verde de los campos, las montañas al lado de la playa. La gente distinta, las costumbres distintas. Es mi última noche aquí, desde la habitación del hotel puedo ver como el sol cae lentamente. Una bonita puesta de sol, sin duda. Me estoy fumando un pitillo mientras pienso en las cosas, mirando el atardecer. Cinco días no han sido suficientes. No sé como continuar el camino, habrá que improvisar. Como siempre.

Las estrechas carreteras de montaña. El viento hizo su trabajo barriendo el otoño a medida que pasaba el invierno. Ahora es primavera, pero aun así, se pueden ver restos de el colorido otoño y valientes neveros en las laderas mas altas de la montaña. Ahora me gustaría estar allí: perdido entre los troncos viejos y fuertes, explorando sin saber que voy a encontrarme en cada nuevo arbusto. Rodeado de niebla, inmerso entre ella. No tener que preocuparme por nada; simplemente por donde tengo que ir poniendo el pie.

Sobrevolar con la mirada por encima de todas las copas desnudas. Observar los pájaros buscar su nido. La naturaleza es algo bonito. La soledad solo a veces.

Capítulo 8: Máquinas de demolición en el castillo de naipes.

Capítulo 8: Máquinas de demolición en el castillo de naipes.

“Cuidado con el viento, puede atacar disfrazado de inocencia y derrumbar el castillo de naipes que has construido: tu vida.”

Es duro y triste ver como el agua clara se vuelve turbia. Cosas que tenías por ciertas dejan de serlo de repente. Es fácil construir un castillo de naipes, solo es cuestión de paciencia y de maña. Pero todo se consigue si uno se pone. Yo tenía mi castillo construido hasta hace unas horas, pero el gélido y atroz viento acabó por derribarlo. Y ahí estaba yo: encima de un montón de naipes, tan sorprendido como un niño que ve por primera vez un truco de magia. Incrédulo. Cuando piensas las cosas tantas veces y tan bien, es difícil llegar a pensar que algo se opone en tu camino. Lo mas simple y banal te rompe todos los esquemas. ¿Dónde me deje a la hora de hacer planes?. Es algo que odio por naturaleza: planear las cosas, es cierto que suelen salir mucho mejor. Pero mi pesimista filosofía me dice que si no haces planes, no te salen mal. Cierto es también que me encanta ir a la aventura: salir y actuar.

Recuerdo que antes las cosas eran mucho mas sencillas. La complejidad de la vida me acongoja. Me siento débil e indefenso: solo en la vida. No me preocupa demasiado, se que en cuanto salga un día con sol olvidaré todo esto y la vida continuará con el transcurso normal de las cosas.

Por mucho que el castillo esté derrumbado, la baraja sigue intacta. Es solo cuestión de paciencia volver a levantarlo.

Capitulo 7: Un buen desayuno.

Capítulo 7: un buen desayuno.

Me despierta el repiqueteante sonido del teléfono. Dios que sueño, necesito por lo menos unas seis horas mas para dormir, pero lo prometido es deuda. De un salto me levanto y respondo con la mejor voz que me sale. En un gesto de valentía abro la persiana hasta arriba y el sol me ciega durante unos segundos. Vaya día que ha amanecido. Hay ropa en la silla así que no me pienso parar a abrir el armario, total, solo voy a acompañar a dos compañeros a coger el tren. Cierto es que parezco imbécil levantándome tan temprano sin ninguna necesidad, pero: como me gusta sentir el viento fresco en la cara en una buena mañana de abril, por supuesto escuchando música. Como me gusta la música. Infundidos entre una algarabía de estudiantes cargados de pesadas maletas y soñolientas caras, avanzamos hasta la dársena donde está situado el tren. Todo va sobre ruedas, el tren sale a tiempo y todo perfecto. Que bonita mañana.

Miro al tren avanzando hacia el infinito de las vías. Pienso en la vida y en sus cosas mientras vuelvo a casa. Yo también voy de viaje hoy. El viaje ahora no importa: estamos solos yo y mi mp3 cargado de música.

La suave melodía de una canción que me hace sentir bien. Creo que voy empezando a sentirme mejor conforme avanzan las cosas. Empiezo a darme cuenta de cosas de la vida, tan tontas que le prestamos tan poca atención. Pienso en las conversaciones con la gente: hace tiempo un viejo poeta portugués en una conferencia dijo algo que siempre recordaré. Cada persona que conozcas, cada conversación que mantengas, cada situación difícil que vivas, cada libro que leas: todo, te hace la persona que eres. Un simple gesto, una mirada. Que viene a ser vivir sino mirar hacia un sitio concreto, contemplar, escuchar una canción, participar en una conversación; en el momento y en el lugar indicado. La vida es una sucesión de escenas, tan felices que puedes llegar a pensar que te elevas sobre los demás; o tan tristes, que deseas tanto que el cielo se venga abajo y acabe con todo. Una tragicomedia que escribimos nosotros mismos, con unos actores aleatorios, unas veces mejores y otras peores.

Es suficiente, hace buen día y lo enfoco muy positivamente: me siento con fuerzas. Me pienso tomar 5 días de reflexión interna conmigo mismo: tengo claro que quiero hacer con mi vida, o eso creo. Seguiré buscando a esa damisela perdida que sienta tanta necesidad de gritar al viento y de correr por el mundo como yo. Retratando el mundo tal y como se deja ver. Registrando en las entrañas de una escena, escribiéndome poemas a mi mismo. Descubriendo quién soy.

Traeré una postal.

Capitulo 6: El mundo, sus rincones y sus gentes.

Capítulo 6: El mundo, sus rincones y sus gentes.

Me sentía como si me hubiesen dado una paliza. El estómago me ardía y la cabeza me iba a estallar. Pensar en comer me producía arcadas. Necesitaba un cigarro. La noche fue dura. Creo que llegué sobre las 7 de la mañana a casa. Recuerdo que vine dando un paseo mientras fumaba un cigarrillo recordando la noche. Tuve la suerte de conocer una chica interesante, inglesa. Recuerdo que la acompañé junto con un amigo y otra chica a un after. Un tugurio de mala muerte lleno de gente que no quería dormir, o no podía de las drogas que llevaban encima. Ellas lo quisieron, yo ya había estado alguna vez allí, pero no lo recomendaba demasiado. Bueno a mi todo eso me la trae un poco floja, ya que voy por la música, un buen dj sin duda alguna, de la vieja escuela: a vinilos. Así que mi compañero de gesta y yo, las acompañamos como buenos caballeros al local.

La música del local no estaba demasiado alta y se podía charlar. Tampoco había mucha gente en el local, poca gente aguanta tanto la mañana de un miércoles. Al principio, cuando nos las encontramos, chapurreamos un poco de inglés yo haciendo todo lo posible, que entenderlo lo entiendo bastante bien, pero hablar me cuesta mucho mas. Me da vergüenza poner ese acento ante gente desconocida a veces. Resultó ser al final que la chica sabía mucho mas que yo: cinco idiomas. Vaya con la chavala pensé. Yo haciendo un alarde de caballerismo no di ninguna señal ninguna de intención de algún tipo de encuentro. Así que la noche fluyo tranquila, charlando como viejos amigos. Que grande es el mundo y que poco sabemos de el. Y yo ahí: en un tugurio de mala muerte intentando trasmitir al resto del mundo mis pensamientos. Que ansias de conocer gente, de descubrir nuevas cosas. De ver mundo. De hablar idiomas. Joder que envidia me dio aquella chica, como me gustaría salir por ahí de esa manera. Catalán, español, italiano (este menos perfeccionado), francés y un inglés natal que sonaba muy dulce.

Dios necesito una ducha. También un cigarro.

Media hora después estaba listo para llevar a cabo las tareas del día. Escribir un rato, hacer las compras necesarias y tumbarme a disfrutar de una buena película. Mañana será otro día. Pero no se porqué tengo la sensación de que no voy a quitarme en todo el día a esa chica de la cabeza. Supongo que no la volveré a ver jamás. Pero cosas como esta me hacen darme cuenta de que la vida es corta, que hay que aprovecharla, que hay que luchar por todo lo que te gusta y cumplir tus metas. Dios que ganas de viajar.

Capítulo 5: Nota de Suicidio.

Capítulo 5: Nota de suicidio.

Nota de suicidio:

Esto va para vosotros: hijos del egoísmo, ciegos ante la verdad. ¿Por qué ensuciais el mundo con vuestras mentiras, engaños y falacias?. Contaminais este precioso paraíso con vuestras malas intenciones y con vuestras risas engreídas. Vosotros que decís saberlo todo, conocer de que va la cosa. Vosotros ignorantes: me habéis hecho esto a mí. Vosotros sucios despojos, hacéis que se quiten las ganas de mirar al cielo y observar el nuevo amanecer, lo bonito de la mañana y lo bueno de la verdad. No oís porque no sabéis escuchar, no entendéis porque no sabeis nada. Vuestra verdad es la única que existe, ignorantes. Vosotros contaminasteis las flores con vuestra basura, vosotros acabasteis con las ganas de vivir de personas que solo desean ver el mundo de colores, como es. Os empeñais en que todo gira a vuestro alrededor, no tenéis ni idea de nada. Paraos a mirar como funcionan las cosas, que importa realmente. Aprended de vuestros errores. Mirad dentro: las personas, todas, son un mundo distinto. Todas tienen algo que vosotros no tenéis. Siempre recordaré las sabias palabras de los mayores: al fin y al cabo, lo único que siempre nos va a quedar en la vida seremos nosotros mismos. Aprended, miraos al espejo pero no para contemplar vuestra belleza, miraos al espejo para conoceros a vosotros mismos. Mirad, adelante. No me sorprendería que solo vieseis un rostro popular, que quiere ser deseado. Eso es, nada. Estáis tan vacios que no sabéis valorar las cosas importantes. Mentiras, no sabéis lo que son. Llamais engaños a la verdad de otros. Me habéis hecho esto a mí, y a mucha gente como yo. Solo porque aprendimos a vivir felices. Envidiosos. Buscáis y no encontrais, no sabéis ver. No sabéis apreciar. No sabéis nada.

“En memoria de las horas solas.”

“Por todas las cosas bonitas que un día te quise explicar y tu, no quisiste escuchar.”

Capítulo 4: La Damisela en apuros.

Capítulo 4: La damisela en apuros

Su cuerpo flotaba lentamente, el efecto de todas las cosas, sumadas. Hace que te sientas liviano como una pluma. Sus pies hace horas que dejaron de sentir, es parte de la vestimenta habitual. Unos tacones rojos de punta. Es un día mas, como otro cualquiera. Salir a comerte la noche por una patilla. Los restos quedan al día siguiente. Ella alguna vez pensó en el hombre de su vida. En realidad todos pensamos en eso, relaciones mágicas surgidas de la nada o del todo, con una persona que no se desgasta a lo largo del tiempo. Mágico. La magia no existe, todo en este mundo es un truco. Creemos que sabemos ver, pero no tenemos ni idea de nada de lo que ocurre a nuestro alrededor.

El alba impaciente esperaba por salir por encima de los tejados de la gran ciudad. Las drogas y alcohol hacen su efecto. Esa sensación de poder, al estar embriagado. Ella estaba así, sabía que podía. Ella es una mujer corriente, no tanto como cree la gente. Siempre siendo el centro de atención en locales, siempre sabiendo que detrás de sus pasos corren miradas lujuriosas imaginando un posible encuentro con aquella musa de los locales nocturnos. Una noche mas que quemar, un día mas que despertar con un increíble dolor de cabeza. Todo se olvida, nada se guarda. Quizás ese sea el problema: observar poco, estar acostumbrado a la monotonía de la gente. Ella ya está cansada de eso, son muchos los labios desesperados que han chocado con los suyos. En un intercambio de opiniones transmitidas por besos, miradas, gestos.

Todo es aprender a observar. La noche quiere irse a dormir también. La cabeza le da vueltas, quizás se está empezando a pasar el efecto de la química en su cuerpo.

Sin previo aviso todo queda en la oscuridad. A tientas ella busca una esquina, la salida del bar, algo. Donde agarrarse, donde saber que sigue en este mundo, el mundo de siempre. La música es ensordecedora. Todo negro, ruido.

Un brazo, algo humano. Ella siente que le rodea la cintura. No es otro brazo, ella siente en el primer contacto que no es el simple brazo que quiere besarla. Un tirón hacia una parte del local que ella desconocía. Aquí es donde lo absurdo del momento comienza a tener algún sentido. Ella sigue sin poder ver nada, balbuceando suplica a su raptor que se encuentra mal y que necesita ayuda. Al otro lado del infinito de la oscuridad. Responde, una voz que transmitía sinceridad, buenas intenciones. No te preocupes, creyó oír ella.

El primer beso. Ella se deja llevar, hay demasiados factores en su contra, decide que es lo mejor. Su estado tampoco la deja libre para tomar muchas decisiones. Esos labios estaban transmitiéndole algo que nunca había sentido. Una especie de sensación maternal, de ayuda, como cuando una madre amamanta a un hijo.

No puede recordar durante cuanto tiempo estuvo así. No puede recordar la voz, ni la cara. Solo las palabras. En algún momento después del primer beso, vino un segundo. Seguido de un tercero. Y de repente, todo volvió a donde estaba siempre. Hubo un torrente de imágenes, de sentidos, de recuerdos. Como dicen que es la muerte.

“De repente abrí los ojos, ya no me encontraba mal. Se me había pasado la borrachera y me encontraba bien. Estaba sentada en un banco del bar, todas las luces estaban encendidas. La hora de cerrar. Me levanté un poco mareada pensando en lo que había pasado. Hay algo en mí que ya no es igual que antes. Siento que tengo que lo tengo que encontrar. No tengo ni idea de como es su cara, de como suena su voz. Simplemente un vago recuerdo de unos labios formales y fieles rozando con los míos. Me siento vacía.”

Capítulo 3: Crisis de fe en la discoteca

Capítulo 3: Crisis de fe en la discoteca.

En el hilo musical suenan canciones que nunca llegué a conocer. En el local el ambiente cargado, lleno de humo, vacío de algún sentimiento. Los golpes de la música resuenan dentro, muy dentro. Tengo la sensación de estar flotando por momentos, me invade el deseo de cerrar los ojos y no pensar en nada. Solo escuchar, ni ver, ni oír. Nada, vacío.

Digamos que disfruto. Por lo menos que lo parezca.

Entre tanta mirada vacía, tanto ademán de aparentar, cansado de observar como quieren ser los reyes de la manada. Vuelvo a recordar las escenas de borrachera. El amargo sabor de la hiel en sus labios. Querer dormir profundo, esperando, algo que nunca sabes si va a llegar.

También me llega una brisa de un olor suave, traída por la máquina de aire acondicionado. Desde la otra punta del bar. Son demasiadas cosas en el mismo tiempo para un corazón descontento con su ritmo.

Me aburre la falta de interés. Odio la insensatez de la gente. No me sorprende la falta de interés por conocer bien a las personas. Me revuelvo comprobando que todo es igual. No soporto el hola y adiós.

Hoy no hace sol, la mañana me cogió entrando por el portal. Las nubes vuelven, las que nunca se van.

Mirando a una pared blanca. Vacía.



Falta todo en el todo. Vosotros que lo apreciáis todo, sois los que habéis destrozado todo.

lunes, 2 de marzo de 2009

Sin Titulo - 43


...

Princesa de lo prohibido,
de un reino de neon.
Alcohol, ceniza, sudor...
tu perfume.
Lenceria barata,
cicatrices en el vestido
de mohosa seda.
Pisas...,
con tacones firmes
charcos de serrín y vomitos
de algun estomago agradecido,
vacio de sentimientos.
Puedes que no tengas buena cara
pero también puede ser,
que no sea, el espejo
lo que andas buscando...


http://estomagovacio.blogspot.com/








martes, 23 de diciembre de 2008

...

Conocí a un chico que era alérgico al polen y al polvo y al serrín y al humo provocado por combustión de carburantes y a las ensaladas y a los gatos y a las ballenas y a las fibras sintéticas y a uno de cada dos medicamentos. Era uno de esos chicos que no hablan con nadie. Parecía uno de los que viven en campanas de cristal, así que tenía que enfrentarse con todas sus alergias. Llevaba sus alergias encima como un viajante de comercio lleva sus maletas. Demostró legalmente que era alérgico a sus padres, así que sus padres tuvieron que darle una pensión vitalicia sin disfrutar a cambio del consuelo de agujerear sus zapatos con sus propias desgracias, además él ni siquiera llevaba zapatos porque era alérgico a la piel y al caucho. Le hicieron unos zapatos de madera pero a él le pareció que era como andar con dos ataúdes chiquititos en los pies, así que los tiró por la ventana. Una chica que pasaba por la calle recogió los zapatos, y como nunca había visto unos zapatos tan raros subió a ver de quién eran. El chico abrió la puerta y la chica entró, los dos se miraron un rato y los dos eran guapos, y los dos llevaban solos demasiado tiempo, así que se abrazaron un poco a ver qué pasaba y resultó que la chica iba vestida con fibras sintéticas y tenía ojos de gato, y estaba gorda como una ballena y tenía polen en el pelo y serrín en el cerebro y antibióticos en los dedos y ensaladas en la falda y un motor de explosión que le ayudaba a subir las escaleras. El chico se murió con una estúpida y gigante sonrisa de felicidad en la cara.

Cuando me desperté estaba seguro de que podía aprender algo de ese sueño pero no sabía qué coño podría ser.